EL VIRUS DE LA GRIPE PUEDE DEJARTE SIN SEXO UN AÑO
(Basado en Hechos Reales)
Dicen que por San Juan las meigas están al acecho y suceden cosas inexplicables, sólo atribuibles a las brujas.
Mi amigo Lalo fue víctima de una de ellas.
Acudió a la fiesta-sardiñada propia del solsticio de verano en casa de su amiga María. Ésta, más adicta a las fiestas que la actriz Cher a las operaciones de estética, acostumbra a convocar el mismo número de elementos masculinos y femeninos. Mantiene que si en la división salen decimales, la cosa no cuaja ... pero una gripe inesperada evitó que Pilar se encontrara con los otros 51 invitados (hubo de quedarse en la cama con 39 -de fiebre, claro- )
Por lo tanto, Lalo, experto y asiduo asistente a eventos de esta condición, se pasó toda la noche intentando descubrir cuál era la chica que le correspondía. En Cuanto veía una mujer sola, atento y solícito le preguntaba "¿qué bebes ... te pongo una copa?" y por afán de empatizar se servía él otra de lo mismo.
Durante las 6 primeras horas estuvo el hombre rotando de partenaire , sin percatarse que, como en el juego de la silla, había un bailarín de más.Los 50 que encontraban asiento libre, no se dieron cuenta de los diversos combinados que había ingerido hasta notarlo generoso en "tequieros".
La casa de la anfitriona está situada en la desembocadura del Río Lambre en el mar, por lo que se ve afectada por la subida y bajada de marea. Tiene un pequeño embarcadero hecho con traviesas ferroviarias y una escalera de piedra.
Lalo, experto marinero, había acudido en su motora.
Cuando el reloj le dijo que llevaba allí casi una jornada laboral, cayó en la cuenta de que si no arrancaba tendría que quedarse a dormir, porque el caudal del río sería insuficiente para navegarlo, y se apresuró a subir por la borda de la lancha. Él sostiene que las meigas se la apartaron.
El medio centenar que agitaban de broma unos pañuelos, vieron atónitos como desaparecía entre la embarcación y la madera del pantalán, acompañado de un sonido no más grande que el de las truchas al saltar para comerse un mosquito.Enseguida subió por los peldaños que dan al agua, mientras sacaba de sus empapados bolsillos la billetera y el móvil.
Con un objeto chorreando en cada mano, y los brazos en cruz como El Mesías, le dijo a su teléfono frunciendo el bigote :
" adiós chorbo-agenda . Un año sin follar ".
María Barcia
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