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La noche inmediata

Relato de una soñadora

Aquella tarde ya no podía más,no era solo físico, era el agotamiento ante el abismo de lo cotidiano tragándote y por descontado que la metafísica daba para poco en aquella situación donde imperaban los pagos, las deudas, los proveedores, el banco…..y lo más soez y representativo de todo, eran ya aquellas bolsas de plástico de caprabo llenas, llenitas de trapos sucios para poner a lavar en casa, dando igual que fueran las 2 o las 3 de la madrugada.
Di cualquier disculpa, no recuerdo o simplemente dije:-prou,non puc més.
Aquella tarde de un sol acariciador de primavera y en el más absoluto vacio de mi mente, di rienda suelta a mis pies y me puse en movimiento, sabía que si me encerraba en mi pequeño taller me iba a pelear fieramente con el lienzo y acabaría destrozándolo todo.  Esa tarde de luces blancas y azul mediterráneo, salí de mi aislamiento.
Cogí la vespa y subí a la montaña, desde alla arriba dislumbrabas toda la costa, y me embuí de los olores y colores más plenos del mediterráneo. Sitges se presentaba como un pueblito dibujado por la mano de un ángel. La tarde seguía acariciando suavemente .
Dejé la vespa aparcada entre los matorrales y con una pequeña mochila, donde llevaba mi libreta de notas, un monedero y mi paquete de ducados,comencé a caminar.
No sé cuanto tiempo paso pero mucho, eche en falta un agua y algo para picar, y decidí regresar.
En el camino de ida me llamara la atención una pequeña masía, con aire soñoliento y poético, desgastada por el paso del tiempo pero mimada y cuidada por las manos de un amante y  pense:- como me gustaría tener algo así. En el camino de vuelta pude advertir que había gente en la casa y que un hombre mayor se entretenía en quitar las hierbas malas de su huerto. Y como en los cuentos de hadas , salía humo de su chimenea.
Me saludó amablemente al pasar y le correspondí con una amplia sonrisa pues tenía una expresión muy simpática y afable.
Dudé un poco pero la sed que tenía era superior y le pregunté si me podía dar un vaso de agua, mientras me disculpaba de mi torpeza de no llevarla y ya lo demás salió solo, el sarpullido de nervios que me posee cuando comienzo hablar, no me había dado cuenta y ya le contara que no pensaba caminar casi nada, que no sabía bien que furia me había dado…y bla,bla,bla…..
No recuerdo bien cual fuera la frase que rompió el hielo y estabamos sentados en una mesa que tenía en el porche de su casa tomando un sabroso café .La conversación se iba entrelanzando y repetimos otro café, y luego otro al que acompañamos con un chopito de orujo gallego en honor a mí, me dijo con una sonrisa feliz, por nuestra charla en donde las edades ni los tiempos existían.
La tarde refrescaba, me ofreció entrar al calor del fuego de su casa, dudé y con agradecimiento decidí poner fin a la tarde,en donde había alcanzado un bello momento de plenitud que no quería destrozar como mis cuadros.
-Creo que es hora de que vaya bajando, pronto se hará oscuro.
-Hasta otra Isabel.
-Hasta otra Manuel.

La siguiente vez que nos encontramos.Entré en el calor de su hogar.No hubo regreso.
p.s
  

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