Blogia
La noche inmediata

Contos cativos

El experimento

No funcionó. Comprobé el apunte. Marta sonreía en cada letra y sus palabras resonaban en mis oídos: “Nunca serás un científico.” No me importaba el trabajo porque solo era para subir nota, pero el gesto de Marta sí.  Recomencé. Aumenté un pizco más las proporciones. El matraz se oscureció. Lo agité despacio La masa oscura burbujeó, se formaron islas plateadas. Cuando añadí el polvo azul la mezcla pareció respirar con bocanadas amarillas que proyectaron luces rojas por todo el cuarto. Tuvieron que contármelo.

Angustia

Iba pensando si me llegaría la calderilla para pagar. Sentí unos pasos a mi espalda tan rápidos como los míos, una figura oscura me seguía, se me echó encima en el momento que iba a bajar al parquin -Tenga su monedero, se le cayó en el pub.

Las cinco en punto

 Pasó junto a la mesa, separó las cortinas y abrió la ventana, para que entrara el olor intenso del jazmín.

La tetera humeaba junto a la fotografía y al libro. Antonia alisó la falda, ahuecó el pelo y echó en la taza el té caliente, y un chorrito de leche. Removió despacio haciendo un guiño al rostro serio.

Deberías recordarlo, querido. Nunca echo azúcar.

Abrió el libro, acarició el pliego ilegible y mientras saboreaba el té susurró las palabras que ya eran solo recuerdo.