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La noche inmediata

Las cinco en punto

 Pasó junto a la mesa, separó las cortinas y abrió la ventana, para que entrara el olor intenso del jazmín.

La tetera humeaba junto a la fotografía y al libro. Antonia alisó la falda, ahuecó el pelo y echó en la taza el té caliente, y un chorrito de leche. Removió despacio haciendo un guiño al rostro serio.

Deberías recordarlo, querido. Nunca echo azúcar.

Abrió el libro, acarició el pliego ilegible y mientras saboreaba el té susurró las palabras que ya eran solo recuerdo. 

 

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